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Un mexicano en Medellín

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Por Luis Omar Montoya Arias

Michel Arturo Irigoyen, es el dueño de La Catrina. Comida Artesanal Mexicana, negocio que se especializa en la venta de comida mexicana.

El local despacha en Medellín, Colombia. Irigoyen es arquitecto egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Cómo se convirtió en restaurantero? En el 2010 trabajaba para una firma estadounidense de arquitectos, en Los Ángeles, California; ésta lo envío a Medellín, Colombia, para dirigir un proyecto. Terminó el trabajo, volvió a los Estados Unidos y antes de que pasaran 15 días lo despidieron consecuencia de la recesión. Bajó a México y encontró un panorama desolador, así que decidió establecerse en Medellín. En diciembre del 2010, Arturo Irigoyen se instaló de forma definitiva en la capital de Antioquia. Optó por un negocio de “helados mexicanos” que él mismo desarrolló. “Como no hay máquinas para hacer paletas en Colombia, me tocó construirlas, me aventé todo el proceso”,[1] acotó.

El restaurante La Catrina, comenzó en marzo del 2013, dice Irigoyen, “motivado por la nostalgia”. Aunque en Medellín hay una docena de restaurantes de comida mexicana, propiedad de colombianos, “no respetan la cocina mexicana, venden burritos y chimichangas”.[2]Para desarrollar su proceso gastronómico, Irigoyen viajó a México y llevó a Colombia bolsas con semillas de tomate, de chile morita, de chile serrano, de chile jalapeño y de chile habanero. De regreso en Medellín, llegó a un acuerdo con un campesino, para que éste se encargara de cultivar los productos. El proyecto de Irigoyen es artesanal, por eso respeta el tiempo de preparación que requiere cada alimento.  “La cultura Tex-Mex está posicionada en Colombia, cualquier hijo de vecino dice conocer la comida mexicana. Eso lastima”.[3]Arturo Irigoyen compite contra el burro, contra la mala calidad de los alimentos mexicanos vendidos en Medellín, y contra los elevados precios de la competencia. Vale la pena compartir reflexiones que Irigoyen generó durante la entrevista:

Tenemos que sustentar nuestro proyecto gastronómico y cultural. No somos la clásica imagen del sombreduro, del catus; esa imagen no me gusta y no la quiero. Nosotros somos cultura, tenemos a los mayas, a Chiapas, a Yucatán. Tenemos mucho que ofrecer como para agotarnos en un burro que no es de nosotros. Debemos defender la tradición del maíz y todos sus derivados. ¿Es plata o es cultura? Mi apuesta es que con el tiempo la cultura dará plata. Queremos dejar un legado en Colombia, por eso nuestro proyecto de la casona. Lo tenemos proyectado para el 2015. Se trata de ponerle cerebro. Mi negocio se está convirtiendo en un lugar para gente que sabe comer comida mexicana. La gente que viene es la que ha viajado a México y sabe la riqueza gastronómica de México. Mis clientes saben separar los sabores y degustar. Nosotros no volanteamos ni tenemos redes sociales, porque esas te levantan o te acaban, y en estos momentos no estoy preparado para mostrar toda la riqueza culinaria de México. El problema en Colombia es que la comida de México se conoce a través de la cultura Tex-Mex, se da por la influencia de Miami en Colombia.[4]

Michel Arturo Irigoyen está contento en Medellín, dice que hay oportunidades que en México no encontró por la saturación del mercado. Irigoyen está comprometido con su proyecto, al grado de hacer nixtamal, moler maíz, preparar agua de horchata, chía y jamaica; además de elaborar utensilios de cocina como el trompo para colocar la carne que luego sazonada da como resultado los tacos al pastor. A través de su restaurante, Irigoyen educa sobre México, pues “debes estar al tanto de los problemas políticos de nuestro país, explicarles porqué los luchadores usan máscaras, contarles la historia del Popocatépetl y del Iztaccíhuatl; decirle a la gente que es bueno comer nopal y mostrar que el día de muertos es cultura, no es Halloween ni Freddy Krueger, sino simbolismo e historia profunda”.[5]

Con la intención de seguir representando con dignidad a México, Michel Arturo Irigoyen abrirá más sucursales en Medellín. En sus nuevos espacios piensa mostrar réplicas de arte e invitar a grupos artísticos para que difundan la cultura mexicana. La música es importante en La Catrina, sin embargo, en este restaurante no se divulga música de Vicente Fernández ni de Los Tigres del Norte, “porque tratamos de mostrar otra cosa, sin demeritar la carrera de nadie”.[6]Uno de los objetivos de Michel Arturo Irigoyen es grabar programas de TV UNAM, del canal 11 (IPN) y del 22 (Conaculta), para luego reproducirlos en sus establecimientos. Irigoyen acusó a Televisa de fabricar una imagen negativa de México, consecuencia de la transmisión de programas como La Rosa de Guadalupe y Laura Bozo.[7]

Aunque al restaurante de Michel Arturo Irigoyen acuden muchas personas, éstas no tienen contacto alguno con la música norteña, pues la visión que el entrevistado posee sobre la cultura mexicana es, digamos, elitista. Los platillos que vende Michel Irigoyen están caros, situación que invita a pensar que los comensales son personas acomodadas que, en apariencia, estarían distantes de la música norteña. A mi entender, La Catrina no juega ningún rol de importancia en la difusión de la música norteña en Colombia. La historia de Michel Arturo Irigoyen demuestra que aun habiendo mexicanos en Colombia, no significa que éstos promuevan a todas las músicas populares mexicanas, como a veces se piensa.

A Michel Arturo Irigoyen lo conocí en diciembre del 2013, cuando estuve viviendo en Medellín, Colombia, financiado por el Fonca/Conaculta de México. El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes de México apoyó un proyecto de mi autoría, que tenía por objetivo hacer visible la influencia cultural mexicana en Antioquia, Colombia, a través de los duetos femeninos de la canción ranchera y el corrido mexicano. Los resultados de la investigación se publicaron en El Síndrome de la Nostalgia, libro que pueden adquirir en Educal (Conaculta), en los puntos de venta de la Universidad de Guanajuato, en ferias de libro y en La Librería, ubicada en la Plaza San Fernando de la ciudad de Guanajuato capital. El Síndrome de la Nostalgia es un libro de historia social de la música que llena un vacío historiográfico. La presencia cultural mexicana en territorio colombiano es abrumadora, las investigaciones que un servidor ha hecho en la nación cafetalera, son el comienzo. No tengo dudas que las nuevas generaciones de intelectuales mexicanos descubrirán en los intercambios culturales México-Colombia, una veta que sabrán explotar. 

Fuentes consultadas

Irigoyen, Michel [entrevista], 2014, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.


[1]Irigoyen, Michel [entrevista], 2014, por Luis Omar Montoya Arias [trabajo de campo], Norteña. La construcción multiregional de una música popular mexicana.

En Colombia, a la tuna le llaman higo.

[2]Ídem.

[3]Ídem.

[4]Ídem.

[5]Ídem.

[6]Ídem.

[7]Ídem.

 

  • "LA GUAPACHOSA" ROXANA RIO
XcaretMexico2014
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